
Le crecían rosas de los labios y mariposas de los ojos.
Así, sus mentiras se le iban por las espinas y su triste mirada volando.
Así, sus mentiras se le iban por las espinas y su triste mirada volando.
"Insisto en interesarme únicamente por los libros que se dejan abiertos como puertas batientes y que no necesitan claves para ser entendidos. Seguiré viviendo en mi morada de cristal, en la que en cualquier momento uno puede ver quién viene a visitarme, donde todo lo que cuelga del techo y de las paredes se sostiene como por encanto, donde por las noches descanso sobre un lecho de vidrio con sábanas de vidrio, donde quien yo soy, me será revelado más pronto o más tarde grabado al diamante".